La muerte de Venustiano Carranza Garza el 24 de mayo de 1920 provocó un intenso duelo nacional y tensiones políticas en México. Aquel día, miles de personas se reunieron en la Estación Colonia, en la Ciudad de México, para rendir homenaje al ex presidente, cuyo cuerpo había sido trasladado desde Puebla, donde fue asesinado.
Los acontecimientos en torno al asesinato de Carranza siguen rodeados de controversia. Aunque la versión oficial señala a Rodolfo Herrero Hernández como el autor material del crimen, existen dudas sobre quién realmente ordenó la ejecución. La revuelta de Agua Prieta, impulsada por figuras como Álvaro Obregón, Adolfo de la Huerta y Plutarco Elías Calles, concluyó con la muerte de Carranza, aunque estos líderes negaron haber dado la orden de matar al estadista.
Mientras los honores se llevaban a cabo en Lerma, en el Palacio Legislativo de Donceles comenzó la sesión para elegir al nuevo presidente. A pesar de los rumores sobre la falta de quórum, se registró la asistencia de 187 diputados, permitiendo que la sesión se llevara a cabo. La Cámara tenía la tarea de encontrar un sucesor para un liderazgo que había sido significativo en la construcción del México moderno.
La llegada del cortejo fúnebre fue recibida con respeto por una multitud que acompañaba el féretro hacia su destino final. Mientras tanto, la atmósfera en el Congreso era de tensión y expectativas, con un público interesado en conocer quién sería el nuevo presidente. Eventualmente, De la Huerta fue nombrado presidente provisional en un clima de incertidumbre y cambio.
A medida que el cortejo avanzaba hacia su destino, el contexto político comenzaba a transformarse. La muerte de Carranza y el ascenso de De la Huerta no solo marcarían el futuro inmediato del país, sino que también sentarían las bases para las siguientes décadas de la historia mexicana.
Con información de zocalo.com.mx

