Aunque se esperan recaudaciones adicionales, el crecimiento del endeudamiento y los altos costos financieros cuestionan la efectividad de las medidas fiscales propuestas para el próximo año.
El paquete económico para 2026 planea aumentar los ingresos fiscales en aproximadamente un 0.35% del Producto Interno Bruto, mediante incrementos en impuestos a productos como tabaco, bebidas azucaradas, apuestas, videojuegos y aduanas. Sin embargo, análisis recientes revelan que esta medida resulta insuficiente para cubrir el aumento en el gasto público, que mantiene un fuerte impulso en áreas clave y en proyectos de inversión en sectores como energía y transporte.
A pesar de estos esfuerzos, las finanzas públicas enfrentan una situación compleja marcada por un incremento en la deuda pública, cuyo nivel se elevará del 51.4% al 52.3% del PIB. Los costos asociados al servicio de esta deuda, especialmente los intereses, representan actualmente una carga equivalente al 4.1% del PIB, una cifra que supera los recursos destinados a salud y educación. Este escenario obliga a solicitar financiamiento para hacer frente a los intereses, dificultando la estabilidad fiscal del país.
Además, en el contexto internacional, la evolución de las tasas de interés y el tipo de cambio influyen en la capacidad del gobierno para disminuir el gasto por intereses en el futuro. La estrategia fiscal actual, que incluye ajustes en impuestos específicos, no aborda de manera profunda los desafíos estructurales que enfrentan las finanzas mexicanas. Sin una reforma fiscal integral, los recursos serán cada vez más limitados para invertir en servicios públicos y mejorar la infraestructura social.
El presupuesto para 2026 contempla aumentos en salud, educación e inversión pública, aunque estos resultados se logran partiendo de niveles todavía muy bajos tras los recortes de 2025. La inversión en proyectos como Pemex, CFE y nuevas vías de transporte continúa centrando las prioridades, mientras que en áreas sociales, el gasto per cápita sin seguridad social aún muestra reducciones significativas. La situación fiscal global refleja una creciente presión por mantener el gasto y atender las obligaciones de deuda, limitando el margen para reformas estructurales.
