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El miedo paraliza la lucha contra el desperdicio alimentario en México

La inseguridad jurídica y el miedo a la reputación frenan acciones contra el desperdicio de alimentos en México, afectando economía y medio ambiente.

Por Redacción1 min de lectura
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La inseguridad jurídica, la percepción negativa y el temor a la reputación frenan acciones efectivas para reducir pérdidas y mejorar la eficiencia en el sector alimentario.

El desperdicio de alimentos en México representa una pérdida anual cercana a 490 mil millones de pesos, equivalentes al 2.5% del Producto Interno Bruto. A pesar de la gravedad económica y ambiental, muchas empresas optan por no actuar ante la presencia de excedentes, motivadas por tres grandes miedos que inhiben la innovación en recuperación de alimentos. Primero, la asociación automática entre excedente y productos en mal estado genera rechazo interno y resistencia al cambio. Segundo, la falta de regulaciones claras crea incertidumbre, haciendo que los equipos legales prefieran mantener el silencio. Tercero, el temor al rechazo público y al greenwashing desalienta a las empresas a comunicar sus acciones, incluso cuando los beneficios son evidentes.

No obstante, la narrativa y la percepción cuentan tanto como la operación misma. Cambiar la historia de la donación por una de recuperación de valor permite destacar los ahorros, la reducción de emisiones y la eficiencia en el uso de recursos. Países como Brasil, Argentina y Chile han avanzado gracias a una legislación que protege a los donantes y a discursos que promueven la economía circular y la sostenibilidad. En México, aún prevalece una narrativa basada en la culpa, que limita las acciones concretas. Es necesario fortalecer la regulación, integrar métricas precisas y fomentar un liderazgo valiente que comunique los beneficios de transformar pérdidas en oportunidades, tanto desde el punto de vista económico como ambiental.

El compromiso del sector empresarial, sumado a una regulación clara y una narrativa positiva, puede convertir el desperdicio en un aliado para la economía y la sustentabilidad del país. La adopción de estos cambios genera impacto tangible y contribuye a una mayor eficiencia en la gestión de alimentos, reforzando el papel de las empresas como agentes de cambio en la lucha contra el hambre y el desperdicio.

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