La actividad sísmica en el país refleja su alta vulnerabilidad, motivando esfuerzos en prevención y educación para reducir riesgos.
México experimenta un nivel de actividad sísmica significativo, con un promedio de hasta 80 temblores diarios durante los últimos cinco años. Esta constante actividad refleja la complejidad geológica del país, situado en una de las zonas con mayor peligro sísmico en el mundo. La presencia de cinco placas tectónicas convergentes subraya la vulnerabilidad del territorio, afectando a más del 95 por ciento del país en mayor o menor medida. A pesar de los avances en tecnología y ciencia para monitorear estos fenómenos, la implementación práctica de medidas preventivas ha avanzado de forma lenta. Históricamente, eventos como los sismos de 1957 y 1985 catalizaron la creación de estudios sistemáticos y protocolos de atención. La importancia de fortalecer la cultura de prevención radica en la necesidad de educar a la población, promover simulacros constantes y capacitar a las comunidades para actuar de manera efectiva ante una emergencia sísmica. Diversas instituciones académicas, como la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, participan activamente en la investigación y divulgación sobre riesgos sísmicos, buscando reducir el impacto de estos eventos en la sociedad.
