La propuesta de acortar la semana laboral en el país avanza lentamente, con beneficios potenciales en la calidad de vida y la productividad de los trabajadores.
Durante casi una década, diferentes actores han cuestionado la carga laboral en México, uno de los países con mayor tiempo de trabajo en la OCDE, superando incluso a naciones como Colombia y Turquía. La propuesta de reducir a 40 horas semanales busca alinearse con el promedio internacional, que ronda las 37 horas, y mejorar la calidad de vida de los trabajadores mexicanos. Con evidencias que relacionan jornadas laborales más cortas con mayor productividad y bienestar, la iniciativa ha sido discutida en varios niveles, pero su implementación ha sido pospuesta por consideraciones políticas y logísticas. Actualmente, las autoridades planean introducir la reforma de manera gradual, extendiendo su totalidad hasta 2031, lo que ha generado cuestionamientos desde diversos sectores. La diferencia en la velocidad de aprobación entre reformas estructurales y decisiones con impacto social, como la reducción de jornada, refleja prioridades políticas. Expertos consideran que con voluntad política, la transición podría ser mucho más rápida y sus beneficios inmediatos para la fuerza laboral, evidentes. Además, una propuesta complementaria sería exentar de impuestos el aguinaldo, un ingreso extraordinario que ayuda a millones de hogares en temporadas de alto gasto, fortaleciendo así el poder adquisitivo y el consumo nacional.
