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México busca consolidarse en la industria de semiconductores en largo plazo

México busca consolidarse en la industria de semiconductores en las próximas décadas, fortaleciendo talento, inversión y alianzas estratégicas para integrarse en la cadena global.

Por Redacción2 min de lectura
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Aunque las capacidades actuales son limitadas, el país tiene potencial para convertirse en un nodo clave en la cadena de suministro global de chips, especialmente con inversiones y políticas estratégicas.

El desarrollo de la industria de semiconductores en México requiere un proceso que se extienda por varias décadas, más allá de un sexenio. La experiencia internacional demuestra que países como Taiwán lograron establecer un ecosistema robusto gracias a alianzas estratégicas con empresas asiáticas y europeas, que suministraron materias primas, componentes y tecnología especializada, como la litografía para la fabricación de microchips.

Actualmente, las empresas estadounidenses como Nvidia y Apple externalizan gran parte de su producción a fabricantes como Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que se consolidó como líder mundial en la fabricación de chips. La tendencia refleja la tendencia global a que las firmas de tecnología dediquen sus recursos al diseño y la innovación, dejando la producción en manos de fabricantes especializados.

En este contexto, México tiene la oportunidad de integrarse en esta cadena de valor como un proveedor complementario a la economía estadounidense, en un escenario similar al de Taiwán. Sin embargo, expertos advierten que aún falta preparación para que el país destaque en semiconductores: carece de un ecosistema completo de insumos y talento técnico, indispensable para fortalecer esta industria. La escasez de ingenieros especializados en Estados Unidos —que enfrenta un déficit de 27,000 profesionales en el área— podría abrir espacios para que México desarrolle su capital humano en esta área estratégica.

La academia y los centros tecnológicos mexicanos juegan un papel crucial en la detección de necesidades de formación y en la generación de talento técnico en microelectrónica. La colaboración con universidades y la creación de incentivos para la inversión en investigación y desarrollo serán esenciales para acelerar este proceso.

El momento vigente es clave para que México aproveche su cercanía con Estados Unidos y las futuras oportunidades que brindará una renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La estrategia de establecer plantas de ensamblaje, pruebas y empaquetado de semiconductores —en lugar de la producción en obleas— podría iniciar en el próximo año, logrando en unos cuatro años un volumen estable de manufactura. La participación activa en esta cadena agregar valor y fortalecer la autosuficiencia tecnológica, siempre que las políticas públicas faciliten las condiciones para la inversión privada.

Este esfuerzo estratégico no solo requiere inversión, sino también un compromiso gubernamental claro para hacer del país un polo de desarrollo en microelectrónica, alineado con las tendencias internacionales y las necesidades del mercado global.

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