Ciudad de México, CDMX. - En la década de 1970, México intentó frenar la migración hacia Estados Unidos mediante una propuesta que promovía soluciones económicas bilaterales. En 1972, el presidente Luis Echeverría sugirió que, si EE.UU. reducía los aranceles sobre los productos mexicanos, se generaría un aumento en la demanda que crearía empleos y disuadiría a los ciudadanos de emigrar.
La historia de este periodo muestra que las raíces de la migración mexicana están estrechamente ligadas a políticas estadounidenses. Tras el fin del Programa Bracero en 1964, que trajo a millones de mexicanos a trabajar temporalmente en EE.UU., las deportaciones aumentaron y muchos mexicanos se encontraron en un limbo migratorio. Sin estatus legal, la población migrante enfrentaba abusos laborales y falta de derechos.
Durante la cumbre entre Echeverría y el presidente Richard Nixon, ambos mandatarios discutieron preocupaciones sobre el maltrato de mexicanos en EE.UU., pero no lograron un acuerdo concreto. Aunque el organismo mexicano analizó la situación de 10,000 deportados para identificar zonas críticas de migración, su propuesta fue finalmente rechazada por el presidente Gerald Ford, quien prefirió implementar medidas punitivas.
El sucesor de Echeverría, José López Portillo, heredó una crisis migratoria más profunda. Mientras las ciudades fronterizas enfrentaban un aumento en la cantidad de deportados y migrantes sin recursos, López Portillo buscó abordar el problema a través de una estrategia que priorizaba un trato "justo y humano" ante los abusos. Sin embargo, sus esfuerzos iniciales fueron insuficientes para resolver los problemas estructurales que provocaban la migración.
Ante la negativa estadounidense, México continuó en la búsqueda de mecanismos que mitigaran la presión migratoria, pero sin un avance significativo. La historia de estos intentos fallidos pone de relieve la complejidad de la migración entre ambos países y su interdependencia económica.
Con información de letraslibres.com

