El ambiente laboral en el Instituto Nacional de Rehabilitación se ha deteriorado por acoso y carencias que afectan la atención a pacientes y la gestión interna.
El personal médico del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) ha comenzado a abandonar sus funciones ante un entorno marcado por el hostigamiento laboral, deficiencias de recursos y pérdida de apoyo institucional. Entre los recientes casos, destaca la renuncia de un cirujano plástico que acumulaba 14 años en el centro, motivada por amenazas, difamaciones y una gestión que deteriora las condiciones de trabajo. Diversos profesionales han denunciado que las quejas presentadas a las instancias internas y externas no han sido atendidas, en un contexto donde las solicitudes de insumos, medicinas y equipo médico esencial permanecen sin resolver, afectando la calidad del servicio a los pacientes.
El Instituto enfrenta acusaciones públicas de corrupción y negligencia, incluyendo venta de plazas laborales y falta de material básico para la atención sanitaria. La investigación de La Silla Rota revela un deterioro interno que se refleja en la salida de médicos y en la percepción de un ambiente administrativo poco transparente. Este escenario ha provocado un impacto negativo en la atención especializada, especialmente en áreas como cirugía plástica, donde los recursos personales y materiales son escasos, y los profesionales se ven forzados a cubrir gastos propios para mantener el funcionamiento. La situación evidencia la urgencia de una gestión eficiente y transparente para garantizar la salud y bienestar de los pacientes y del personal médico.
