Lydia Cacho (Ciudad de México, 1963) regresa a su país tras siete años de exilio, una pausa obligada por su investigación en Los demonios del Edén, donde denunció una red de trata infantil. Durante su regreso, presenta su nueva novela, Un halcón bajo mi ventana, que retrata la juventud en los tumultuosos años sesenta y setenta.
La narrativa sigue a Julieta, una joven de catorce años, inmersa en un contexto de movimientos estudiantiles, feminismo y música. Cacho comparte que este ejercicio de ficción representó un alivio emocional, permitiéndole escapar del periodismo crudo. La escritora señala que la literatura ha sido fundamental en su vida, ofreciendo un refugio frente a sus realidades complejas.
Al hablar de su proceso creativo, Cacho rememora su juventud y cómo la poesía ha sido un recurso terapéutico constante. Relata su experiencia con Juan José Arreola, quien rompió un poema en su cara, dejándole una huella de autocrítica y reflexión sobre su conexión con la realidad. La novela se nutre de su memoria sensorial, evocando tanto la vibrante cultura musical de la época como el contexto político en el que se desarrolló su vida.
Cacho también aborda la reivindicación de género en su obra. La autora destaca el papel fundamental de las mujeres en los movimientos sociales de la época, argumentando que a menudo la historia ha olvidado su contribución. Su novela busca dar voz a aquellos que sostuvieron y financiaron las luchas de sus tiempos, en lugar de centrarse únicamente en las figuras prominentes.
A pesar de las adversidades, Cacho mantiene un mensaje de esperanza al afirmar que los actos cotidianos de bondad y lucha continúan. Su trayectoria como periodista la ha llevado a reconocer la fortaleza de las personas comunes, perseverando con la creencia de que el futuro, aunque incierto, puede mejorar si se nutre con ternura y afecto.
Con información de dossierpolitico.com

