Joel Ordóñez se ha convertido en una pieza clave de la defensa de la selección ecuatoriana de fútbol tras su destacada participación en varias competencias internacionales. Su historia comienza en el barrio Socio Vivienda 2, en Guayaquil, una zona marcada por la violencia y el crimen organizado, donde creció enfrentando desafíos constantes.
El jugador, que actualmente milita en el club Brujas de Bélgica, recuerda con nostalgia su niñez en estos barrios difíciles. A pesar del entorno hostil, Ordóñez destaca la influencia positiva de sus padres y de figuras como su entrenador, Luis Chocolate Medina, quien desde temprana edad lo guió hacia el fútbol, ayudando a que no cayera en actividades delictivas.
Con una estatura imponente de 188 centímetros y una calma inesperada para su juventud, Ordóñez ha demostrado ser un defensor resolutivo. Durante esta temporada, ha tenido un desempeño sobresaliente al recibir solo seis tarjetas amarillas en 46 partidos, evidenciando su enfoque y disciplina en el campo de juego.
El camino hacia su actualidad no fue sencillo, pero Joel aprovechó cada oportunidad. Su talento llamó la atención de scouts de Independiente del Valle, club que le ofreció la posibilidad de formarse como futbolista en Quito, lejos de su hogar y de las influencias negativas del barrio. Este paso fue crucial y definió su carrera.
Asumir su rol en la selección nacional en el Mundial representa un nuevo desafío y una oportunidad para brillar. Con el apoyo de sus compañeros y su firme determinación, Ordóñez espera contribuir al éxito de Ecuador en la competencia internacional, reflejando no solo su crecimiento personal, sino también el de muchos jóvenes que, como él, sueñan con un futuro mejor a través del deporte.
Con información de lanacion.com.ar

