Con baja confianza en las autoridades, la población mexicana toma medidas propias, desde reforzar sus hogares hasta usar tecnología de seguridad.
En un contexto donde la percepción de inseguridad en México se ha convertido en una realidad cotidiana, cada vez más ciudadanos asumen la responsabilidad de su protección personal. La desconfianza en instituciones como las fuerzas policiales y los organismos gubernamentales ha llevado a que cerca de la mitad de la población recurra a medidas de seguridad en sus hogares, como sistemas de vigilancia y rejas reforzadas, reflejando una tendencia a priorizar la autodefensa. Además, un porcentaje significativo porta objetos de defensa personal, como gas pimienta o herramientas eléctricas, ante la percepción de vulnerabilidad ante delitos y violencia.
Asimismo, la adopción de estrategias de movilidad y la utilización de aplicaciones tecnológicas de alerta demuestran una cultura de protección que, aunque reactiva, busca complementar las poca confianza que depositan en el Estado. Sin embargo, esta pujanza en mecanismos privados de seguridad revela una profunda crisis institucional, donde la ciudadanía se ve obligada a protegerse a pesar de la ausencia de una respuesta eficaz por parte de las autoridades.
En conjunto, estos datos ilustran un país en el que la inseguridad ha desplazado la confianza pública, convirtiéndose en un fenómeno que obliga a los individuos a adoptar medidas de autoprotección para afrontar un entorno cada vez más imprevisible.
