Los avances en inteligencia artificial (IA) traerán consigo un notable aumento en el consumo energético y de recursos naturales. Para 2030, se proyecta que los centros de datos dedicados a la IA consumirán 945 teravatios-hora de electricidad, cifra que supera el consumo combinado de Pakistán, Bangladesh y Nigeria, países con más de 650 millones de habitantes. Este fenómeno plantea un desafío ambiental crucial.
El informe del Instituto de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud destaca que el uso de la IA será comparable a las necesidades hídricas de toda la población de África Subsahariana. Además, el uso del suelo para la infraestructura necesaria podría ser equivalente al tamaño del área metropolitana de Yakarta. Las implicaciones de estos recursos son severas, ya que no se han considerado adecuadamente ni la huella hídrica ni la de suelo en la discusión de la sostenibilidad de la IA.
El profesor Kaveh Madani, director de UNU-INWEH, aclara que el objetivo de este estudio no es condenar la IA, sino exhortar a su uso responsable. El informe subraya que al priorizar la reducción de la huella de carbono, se pueden desestimar impactos críticos en agua y suelo. Cambiar de carbón a bioenergía, por ejemplo, reduce la huella de carbono pero la aumenta significativamente en otros aspectos. Las alternativas que parecen más ecológicas pueden ocasionar efectos adversos en el agua y la tierra.
A medida que los centros de datos continúan expandiéndose, los problemas se intensifican en regiones específicas. En Irlanda, estos centros ya representan una parte considerable del consumo eléctrico, y en Querétaro, México, están contribuyendo a la escasez de agua en una zona afectada por sequías. El informe advierte que la desproporción en el desarrollo de la IA afecta principalmente a naciones que son fuentes de minerales críticos y que, a la vez, no se benefician de manera justa de esta tecnología emergente.
De persistir estas tendencias, el aumento del consumo energético y la generación de residuos electrónicos podrían acentuar aún más las desigualdades globales en el acceso a la IA y sus beneficios, planteando la necesidad de un enfoque más equilibrado y sostenible en su desarrollo.
Con información de latercera.com

