Valencia, España. – La obesidad infantil es un desafío creciente, con 2,1 millones de menores en España afectados. A pesar de un ligero descenso desde la pandemia, este problema de salud sigue ligado a estigmas perjudiciales que afectan a la salud mental de los niños.
El Dr. Julio Álvarez Pitti, coordinador del Grupo de Trabajo de Obesidad Infantil y Adolescencia de SEEDO en Valencia, enfatiza que la obesidad es una enfermedad multifactorial. Es crucial adoptar un enfoque sensible, utilizando un lenguaje adecuado cuando se habla de sobrepeso en niños y adolescentes. Términos como “gordo” pueden contribuir a entornos de estigmatización, generando un impacto negativo en la salud emocional y social de los menores.
La relación entre la obesidad de los padres y la del niño es significativa. Si al menos uno de los progenitores padece obesidad, el riesgo se multiplica, siendo el índice de masa corporal materno un fuerte predictor. Además, factores socioeconómicos influyen en las tasas de obesidad infantil, ya que las familias de bajos ingresos enfrentan más obstáculos para acceder a alimentos saludables y actividades físicas.
Cuando se trata de abordar el peso con un niño, es esencial hacerlo de manera respetuosa. Hablar sobre “un niño con obesidad” en lugar de etiquetar a un “niño obeso” ayuda a preservar su dignidad. La familia juega un papel crucial en la construcción de la autoestima y la autoaceptación en los menores, dotándolos de herramientas para enfrentar el acoso y fomentar un entorno positivo.
La obesidad en la infancia, al igual que en adultos, no se puede atribuir a la falta de voluntad. A pesar de que la dieta y el ejercicio son factores que influyen, la genética y el entorno familiar son determinantes en su desarrollo. Por lo tanto, es fundamental brindar un apoyo sin juicios y promover hábitos saludables desde una edad temprana.

