La pérdida de iniciativa de México genera un cambio en la relación bilateral con Estados Unidos que resalta la falta de soberanía.
La relación entre México y Estados Unidos ha evolucionado hacia una dependencia estratégica. Washington ya no confía en México para combatir el crimen organizado, sino en su capacidad de obedecer bajo presión. Las extradiciones de capos, lejos de ser actos de cooperación, reflejan el debilitamiento de la soberanía mexicana.
México ha pasado de la Iniciativa Mérida a un enfoque reactivo frente al Entendimiento Bicentenario, evidenciando una crisis estructural. La falta de control sobre la agenda bilateral ha transformado este vínculo en un juego de contención de crisis en lugar de una colaboración genuina.
Esta situación plantea importantes interrogantes sobre el futuro de la soberanía nacional y la dinámica de la política exterior.

