Tras la suspensión de la importación y venta de modelos chinos en México, miles de unidades quedaron sin soporte, dejando a consumidores en la incertidumbre. En 2008, Grupo Salinas incorporó al mercado mexicano una línea de automóviles de la marca FAW, originaria de China, con la intención de ofrecer opciones económicas y accesibles. En ese año, se comercializaron aproximadamente 5,000 unidades distribuidas en tiendas de la cadena Elektra, que incluían tres modelos básicos: F1, F4 y F5. Estos vehículos, diseñados con aspectos sencillos y motores modestos, fueron considerados una alternativa para usuarios que buscaban movilidad asequible, aunque enfrentaron críticas por su baja seguridad y acabados rudimentarios. El proyecto se vio afectado por la crisis económica global de 2009, que provocó la suspensión de la importación y venta de estos autos, además de cancelar la construcción de una planta local y dejar sin soporte técnico y piezas a los propietarios. En menos de una semana, los logotipos de FAW desaparecieron de las tiendas Elektra, dejando a los compradores sin acceso a refacciones ni talleres autorizados. Algunos conductores, como un ingeniero civil que adquirió uno de estos autos, lograron mantenerlos a través de importaciones paralelas, aunque muchas unidades quedaron desahuciadas por la escasez de componentes. A pesar de la partida de estas unidades del mercado, algunos vehículos todavía circulan en estados como Guerrero y Veracruz, utilizados en su mayoría para trabajos de bajo perfil. La poca disponibilidad de refacciones y la desatención de la marca han generado una situación complicada para los propietarios, quienes enfrentan dificultades en el mantenimiento de sus autos. La historia refleja cómo una iniciativa de expansión de marcas chinas en México puede verse truncada por factores económicos y de mercado, dejando un legado de autos que aún sirven a algunos usuarios en la informalidad.
