La utilización de cuentas en bancos mexicanos para mover fondos ilícitos se ha multiplicado en los últimos cinco años, facilitando actividades criminales y evasión.
En los últimos cinco años, el uso de cuentas mulas en México ha experimentado un incremento de aproximadamente 4.5 veces. Este método consiste en abrir perfiles bancarios en distintas entidades, realizando depósitos en pequeñas cantidades, generalmente por debajo de los mil dólares, a través de cajeros automáticos en diferentes ciudades. La estrategia busca evadir la vigilancia bancaria y facilitar el lavado de fondos provenientes de actividades ilícitas.
Aunque inicialmente proliferaron para esquivar los controles estadounidenses que consideran a los cárteles como organizaciones terroristas, las cuentas mulas en México no están exclusivamente ligadas al narcotráfico. En muchos casos, estos perfiles son empleados por personas sin vínculos directos con el crimen organizado, muchas de las cuales son reclutadas por necesidad o extorsión para despistar el origen del dinero.
El crecimiento de estas operaciones se ha vinculado principalmente a delitos digitales, como fraudes, robos de identidad y ataques de ransomware, además de la venta ilegal de drogas. La modalidad también implica que individuos presten su información personal a cambio de un porcentaje de los fondos desviados, facilitando así el flujo de recursos ilícitos.
El incremento de estas prácticas evidencia un desafío constante para las instituciones financieras mexicanas y las autoridades, que luchan por identificar y bloquear estos movimientos. La proliferación de cuentas mulas refleja una sofisticada adaptación de los delincuentes a las medidas de control, complicando el combate al lavado de dinero en el país.
La situación subraya la importancia de fortalecer los sistemas de detección y la colaboración internacional para desmantelar estas redes latentes, cuyo impacto va más allá del ámbito financiero, afectando la seguridad y estabilidad social de México.
