La suba de tarifas, los costos elevados y la disminución de ventas gatillan el cierre de panaderías y pérdida de empleos en el país.
En Argentina, el sector panadero enfrenta una situación difícil que refleja las tensiones entre la economía micro y macro del país. El aumento desmedido en las tarifas eléctricas, con facturas que superan los 450 mil pesos en algunos casos, junto con el incremento en los precios del combustible y la constante caída del consumo, profundizan la crisis en las pequeñas panaderías. Los negocios del rubro detectan que, en los últimos 18 meses, alrededor de 1.700 establecimientos cerraron en todo el territorio nacional, dejando entre 10.000 y 15.000 empleados en la calle. La reducción en la demanda ha sido significativa: el consumo de pan, un alimento emblemático de la cultura argentina, ha caído un 55% en ese período, y la venta de productos de pastelería, incluso mayor, ha disminuido un 80%. La escasez de productos tradicionales, como los sánguches de miga en el Conurbano, evidencia el impacto directo de las dificultades económicas en la vida cotidiana. La realidad sectorial demuestra cómo decisiones macroeconómicas mal calibradas afectan directamente a las pequeñas y medianas empresas, que luchan por mantenerse a flote en medio de costos en constante aumento y una demanda en franca reducción.
