La comprensión del suelo como un organismo vivo es crucial para la agricultura actual, especialmente en un contexto de cambio climático. La elección del abono orgánico debe alinearse con las características específicas de cada terreno, ya que aplicar una misma formulación en suelos diferentes puede resultar ineficaz.
La fertilidad no se limita solo a la incorporación de materia orgánica. Este equilibrio implica considerar propiedades físicas, químicas y biológicas, que determinan la productividad de los cultivos. Al producir un abono, es esencial conocer las limitaciones del suelo para definir su formulación y la estrategia de aplicación, orientando así la nutrición de los cultivos.
Aunque hay un crecimiento notable en el mercado de abonos orgánicos, el éxito no se mide solo por el contenido de materia orgánica. La calidad de un abono debe evaluarse en función de su funcionalidad agronómica, es decir, su capacidad para abordar las limitaciones específicas del suelo en que será utilizado.
Investigar y analizar las características del suelo se ha convertido en una práctica fundamental para los agricultores. Crear abonos personalizados que respondan a las necesidades de la tierra es clave para cultivar de manera sostenible, alimentando también la biología del suelo, mejorando su estructura y aumentando la resistencia de las plantas.
La agricultura orgánica enfatiza la relación entre el manejo del suelo y la producción. Conocer la historia y la composición mineral del terreno permite enriquecerlo y fomentar su salud, lo que a su vez potencia el rendimiento agrícola a largo plazo.
Con información de vanguardia.com

