Ciudad de México. - Un egresado de la Escuela de Gobierno, tras ser reconocido con una medalla de oro por su desempeño, se enfrenta a la angustia de sus ambiciones políticas. A pesar de alcanzar el primer lugar en su clase, reflexiona sobre el trauma que pudo originar su búsqueda incansable de reconocimiento y éxito.
En su trayectoria, el estudiante enfrentó obstáculos significativos para ingresar a la escuela. De 600 aspirantes, solo 100 lograron entrar, y de estos, apenas 20 pertenecían a la categoría de independientes. Su dedicación lo llevó a destacar entre sus compañeros y, aunque obtuvo la distinción, el temor a la frustración lo llevó a cuestionar las motivaciones detrás de sus esfuerzos. El egresado se dio cuenta de que prefería el riesgo de fracasar a no intentar alcanzar su verdadero potencial, lo que eventualmente lo llevó a cumplir su primer objetivo.
Después de recibir la medalla de oro, el Presidente lo invitó a un encuentro privado. Durante la conversación, se le ofreció la oportunidad de trabajar en su equipo, un triunfo que sin duda lo llenó de orgullo. Sin embargo, la alegría se vio ensombrecida por la inquietud al pensar en su futura carrera política. "El poder y el reconocimiento no iban a resolver mi angustia; apenas podrían ser un alivio provisorio", reconoció.
Con el tiempo, tras observar de cerca las luchas internas del poder, el egresado ha llegado a la conclusión de que su verdadera aspiración de ser Presidente no es viable. Comprende que el éxito no cura las carencias emocionales, reafirmando la idea de que el poder solo proporciona una satisfacción temporal, similar a una adicción. "Nunca hay sosiego en el poder", concluye al reflexionar sobre su camino, valioso pero complejo.
Con información de elimparcial.com

