Expertos advierten que las altas temperaturas y el aumento de gases de efecto invernadero complican la limitación del calentamiento global, aunque todavía es posible actuar para reducir sus efectos.
Los registros recientes sugieren que el año 2025 podría posicionarse como uno de los períodos más cálidos desde que se llevan registros en el siglo XIX. Naciones y organizaciones internacionales indican que las temperaturas globales han alcanzado niveles alarmantes, con un aumento cercano a 1.42 grados centígrados por encima de la media preindustrial durante los primeros ocho meses del año. Este incremento se vincula en parte al récord en las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que continúan ascendiendo, impulsadas principalmente por emisiones de países como China, India, Rusia e Indonesia.
Este escenario evidencia la urgencia de implementar acciones contundentes para frenar el avance del calentamiento global. Aunque la comunidad científica explica que una superación temporal del umbral de 1.5 grados es casi inevitable en los próximos años, también afirma que aún existe la oportunidad de limitar el aumento total en el largo plazo mediante esfuerzos coordinados y ambiciosos. La crisis climática actual subraya la importancia de reforzar las políticas de reducción de emisiones y de adoptar tecnologías limpias para mitigar impactos económicos, sociales y ecológicos, así como para prevenir daños irreversibles en los ecosistemas y comunidades vulnerables.
Además, las tendencias concluyen que los últimos 11 años han sido los más cálidos en casi dos siglos. La persistencia en los niveles elevados de temperaturas y gases de efecto invernadero refuerza la necesidad de acelerar las medidas globales en materia de cambio climático, con el fin de mantener la tendencia de aumento de temperaturas en niveles controlables y proteger a las generaciones futuras.
