Ciudad de México. – La reciente Estrategia de Seguridad Nacional de Washington, impulsada por el gobierno de Estados Unidos, profundiza la intervención geopolítica en la región, incrementando la militarización y las violencias, según análisis del especialista Juan Gabriel Tokatlian. La estrategia, descrita como un ‘corolario’ a la Doctrina Monroe, prioriza intereses estadounidenses en detrimento de la autonomía regional.
Tokatlian, profesor de la Universidad Torcuato di Tella, identifica cinco puntos clave en esta nueva política. Primero, marca el fin de la posguerra fría, reconociendo la menor capacidad de EE. UU. para moldear el sistema internacional, aunque sin dejar de ser un actor relevante. Segundo, busca revertir la expansión internacional de China, no solo contenerla, sino recuperar el control sobre activos estratégicos como infraestructura de transporte y telecomunicaciones.
Un tercer punto es la imposición de una nueva lógica de sometimiento a EE. UU., que busca el reconocimiento de su hegemonía regional en lugar de proponer acuerdos. Cuarto, se define una nueva ‘(in)seguridad continental’ que percibe a América Latina como fuente de problemas como el crimen organizado, el narcotráfico y la migración. La estrategia contempla componentes punitivos y coercitivos, incluyendo ataques contra gobiernos adversos y deportaciones masivas, sin acatar reglas internacionales, como lo demuestran ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales.
Finalmente, el quinto punto es el establecimiento del nuevo Comando Militar del Hemisferio Occidental (U.S. Army Western Hemisphere Command) con base en Fuerte Bragg, Carolina del Norte. Este comando busca atar la seguridad nacional de EE. UU. a la continental, combinando elementos del Comando Norte y Comando Sur, y desplegando acciones selectivas para recuperar la influencia estadounidense en la región.
El análisis señala que presidentes de varios países latinoamericanos ya han mostrado afinidad con esta estrategia. La política exterior de México se ve compleja, pues ya no puede respaldar a gobiernos considerados adversos a EE. UU. sin afectar la ratificación del T-MEC, ni actuar precipitadamente contra China. La retórica de soberanismo y el acomodo a los requerimientos de la Casa Blanca se han vuelto inconsistentes, lo que pone en riesgo la defensa del interés nacional del Estado mexicano.
La estrategia de EE. UU. se caracteriza por una militarización creciente y una política de ‘mano dura’ ante problemas regionales, evidenciando un cambio en las dinámicas de poder y cooperación en América Latina. Fuentes consultadas indican que esta nueva aproximación podría generar tensiones diplomáticas y aumentar la inestabilidad en la región.
