La actividad agroecológica se ha convertido en una alternativa en Cuba, donde cerca del 77% de la población reside en zonas urbanas. Aunque las fincas familiares están demostrando que es posible cultivar sin depender totalmente de fertilizantes químicos, la producción actual no es suficiente para enfrentar la crisis alimentaria que atraviesa la isla.
La Finca del Medio, en Taguasco, Sancti Spíritus, es una de las más representativas, donde la familia Casimiro Rodríguez ha recuperado tierras y produce una variedad de productos, incluyendo hortalizas y lácteos. Esta finca, parte de la red Slow Food, utiliza energías renovables y ha alcanzado una notable autonomía en su producción. “Menos sal, todo lo que consumimos se produce aquí”, asegura José Antonio Casimiro, su fundador.
Otra iniciativa, la Finca Vista Hermosa, situada en Guanabacoa, combina la producción ganadera con el procesamiento de lácteos, alcanzando hasta 2,000 litros de leche diariamente. Damarys Relova, una de sus responsables, resalta la importancia de integrar conocimientos científicos con prácticas tradicionales para lograr resultados sostenibles.
A pesar del potencial que muestran estas fincas, la realidad es compleja. La producción agrícola nacional enfrenta desafíos significativos, incluidos la falta de combustible y el deterioro de la maquinaria. Según datos del Programa Mundial de Alimentos, la canasta mensual de alimentos distribuida por el Estado es principalmente importada, y un 33.9% de la población ha reportado haber pasado hambre en el último mes.
Las experiencias agroecológicas en Cuba, aunque valiosas, no pueden subsanar las deficiencias de la red nacional de producción y distribución de alimentos. El verdadero reto consiste en multiplicar estas iniciativas para alinearse a las necesidades de toda la población.
Con información de cubanoticias360.com

