Ciudad de México. – El neuropsicólogo clínico y tanatólogo, José Garfias Cáceres, enfatiza la importancia de acompañar a los padres que atraviesan el doloroso proceso de perder un bebé, ya sea durante el embarazo (gestacional), en etapas avanzadas (perinatal) o tras el nacimiento (neonatal).
Garfias Cáceres subraya que es fundamental permitir que los padres expresen libremente sus emociones, incluyendo tristeza, enojo y culpa, sin ser juzgados. El rol del acompañante es ser un apoyo, un “hombro” donde puedan desahogar su dolor.
Se sugiere fomentar la conexión simbólica con el bebé a través de acciones que refuercen el vínculo desde el amor, como guardar una fotografía, escribir una carta o conservar algún objeto significativo. Estas prácticas ayudan a transformar la ausencia física en una presencia espiritual y simbólica, permitiendo a los padres transitar su duelo sin presiones.
El experto recalca que el duelo es un proceso individual y no tiene un tiempo definido. Cada persona vive el dolor a su manera y en sus propios tiempos. El objetivo no es eliminar el dolor, sino aprender a vivir con él, transformarlo en amor y continuar la vida.
El duelo gestacional ocurre antes del nacimiento, a menudo en los primeros meses, por aborto espontáneo, muerte intrauterina o interrupción médica. A pesar de la ausencia física, el vínculo ya se está formando, a veces visible en ultrasonidos.
El duelo perinatal se presenta en etapas más avanzadas del embarazo, desde la semana 22-23 hasta los primeros días postparto. En esta fase, el apego es más intenso, ya que los padres han visto al bebé formado y pueden haber realizado rituales como el baby shower.
El duelo neonatal sucede cuando el bebé fallece después de nacer, desde la segunda semana hasta el primer mes. Aquí, los padres han tenido contacto físico, han visto, tocado y convivido con el bebé, e incluso la madre pudo haber iniciado la lactancia, consolidando un vínculo que intensifica la pérdida.
La diferencia principal entre estos duelos radica en el momento de la pérdida y el nivel de vínculo establecido. El tanatólogo valida el dolor, evitando frases minimizadoras como “aún eres joven” o “puedes tener más hijos”. Proporciona un espacio seguro para expresar culpa, enojo, tristeza o negación, y orienta sobre rituales simbólicos para facilitar el procesamiento de la pérdida y la despedida.
Las enfermeras, como primer contacto en muchos casos hospitalarios, ofrecen contención emocional inmediata y facilitan el contacto con el bebé, permitiendo a los padres realizar rituales de despedida que validan la existencia del bebé y su propio dolor.
Los rituales son herramientas terapéuticas que dan sentido y cierre a la experiencia dolorosa, permitiendo a los padres expresar amor, despedirse del bebé, validar su existencia y sentirse escuchados y acompañados en su proceso.
