Huiziltepec, Guerrero. - El 1 de noviembre, la comunidad de Huiziltepec se ilumina con más de 1,500 velas que marcan el camino al panteón, donde se reciben a los fieles difuntos. Esta tradición, que comienza el 22 de octubre con las campanadas de la iglesia de San José, es el preludio de una celebración cargada de fe y amor que une a las familias en torno a sus ancestros.
Los habitantes encienden las velas para guiar a sus seres queridos, mientras los altares se llenan de ofrendas que incluyen platillos típicos como tamales y caldo, así como el tradicional pan de rosquete, que simboliza la esperanza de reencuentro con los difuntos. En el altar del primero de noviembre, se preparan platillos especiales, incluyendo caldo blanco y rojo, para honrar a los niños que han partido.
La señora Maru Sóstenes, quien regresó después de 30 años en California, compartió su alegría al reunirse con sus seres queridos: "Cuando llegué me sentí feliz y con ganas de llorar". Su experiencia refleja el esfuerzo de muchos que, a pesar de haber emigrado, mantienen vivas las tradiciones de su tierra natal y regresan para celebrar con sus familias.
La ceremonia atrae no solo a locales, sino también a quienes han dejado Huiziltepec, como Leticia Godinez, que visita a sus padres en el cementerio, cumpliendo con sus deseos de ser enterrados en su lugar de origen. Las campanas de la iglesia marcan el inicio del ritual, que enfatiza la conexión espiritual con los muertos, como lo expresó Catalina Ramírez: "Ellos ya son angelitos que nos bendicen".
Esta tradición de Día de Muertos en Huiziltepec sigue viva, transmitiéndose entre generaciones. A través del amor y la memoria, la comunidad se reúne para celebrar el ciclo de la vida y la muerte, creando un ambiente de alegría en el que la ausencia se siente como una bendición.
Con información de eluniversal.com.mx

