Guanajuato, Guanajuato. – Julieta Sánchez, una docente y psicoterapeuta venezolana residente en Guanajuato, compartió su profunda emoción y esperanza ante los recientes acontecimientos en su país natal, tras más de una década de haberlo dejado. Su experiencia migratoria, marcada por la búsqueda de un futuro mejor, la ha llevado a encontrar en México, y particularmente en Guanajuato, una segunda casa y un punto de partida para contribuir a la reconstrucción de Venezuela.
Originaria de Valencia, estado Carabobo, Julieta llegó a México hace 16 años, impulsada por la necesidad de reconstruirse emocionalmente, continuar su formación académica y apoyar económicamente a su familia ante el deterioro de las condiciones de vida en Venezuela. «Necesitaba oxigenar mi vida, seguir estudiando y encontrar una forma de ayudar a mi gente. En Venezuela ya no había espacio para los profesionistas», relató la docente con 51 años de experiencia.
Su transición a México no estuvo exenta de desafíos. Durante sus primeros años, a pesar de su sólida preparación académica, enfrentó dificultades para encontrar empleo. Inició corrigiendo libros y apoyando en trabajos académicos hasta lograr consolidarse nuevamente en el ámbito educativo y terapéutico.
El desarraigo fue una constante en su vida, pero la separación de su tierra natal representó un dolor profundo. «Apartarte de tu terruño duele muchísimo: la comida, la gente, los afectos. El vínculo emocional se fractura», compartió. Sin embargo, la posibilidad de ayudar a su familia se convirtió en su mayor motivación. Desde México, ha mantenido una vida austera para enviar recursos económicos a Venezuela cada dos meses, un apoyo que, debido al bajo poder adquisitivo en su país, se multiplica significativamente.
La imposibilidad de renovar su pasaporte y la situación política le impidieron regresar a Venezuela en los últimos 12 años. No obstante, los recientes acontecimientos políticos despertaron en ella una emoción contenida por más de dos décadas. «Empecé a gritar, a llorar y a brincar de felicidad. Llevamos 26 años esperando que esta dictadura salga. Fue una mezcla de alivio y esperanza», narró.
Para Julieta y los más de ocho millones de venezolanos en la diáspora, la esperanza actual se traduce en compromiso. «No se trata de que nos regalen las cosas, sino de cómo podemos ayudar a reconstruir el país. La esperanza es hacernos protagonistas de nuestra propia historia», expresó. Desde sus áreas de formación —pedagogía, arte y psicología—, su mayor deseo es volver algún día para contribuir activamente a la reconstrucción de un país anhelado.
Finalmente, Julieta destacó el papel fundamental que México y Guanajuato han jugado en su vida. Expresó su profundo agradecimiento por la solidaridad y calidez de la gente, asegurando que en Guanajuato ha encontrado una segunda casa. «Los mexicanos son escandalosamente acogedores. Me han ayudado a sobrevivir, a crear, a salir adelante. No puedo decir que soy mexicana, pero me siento en una tierra hermana», concluyó.
