Tapachula, Chiapas. - Lázaro, un exiliado cubano, recorre las calles de Tapachula ofreciendo café cubano a "cinco pesitos". Después de ser deportado de Estados Unidos sin orden, busca sobrevivir en un entorno donde muchos migrantes enfrentan penurias similares.
La vida en la ciudad para los migrantes es extremadamente difícil, y Lázaro se inscribe en esta realidad. Expulsado en febrero, pasó cuatro años en una prisión federal y actualmente no tiene medios para regularizar su situación. La falta de apoyo es abrumadora, tanto en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) como en la estación migratoria Siglo XXI, donde la atención es escasa y el trato despectivo.
Lázaro encontró en la venta de café una manera de subsistir. Observó que a los locales les gusta esta bebida y, con su venta, asegura que puede cubrir gastos básicos. Lo que gana le permite afrontar el día a día, sin embargo, el ambiente migratorio sigue siendo hostil.
Las dinámicas del albergue Jesús el Buen Pastor del Pobre y el Migrante revelan también el sufrimiento de los migrantes. Olga, su fundadora, brinda refugio y comida a quienes lo necesitan, pero resalta que muchos de ellos anhelan cruzar nuevamente a Estados Unidos, donde tienen familiares. La crisis humanitaria en la frontera ha traído retos adicionales, afectando a quienes buscan un nuevo comienzo.
Los testimonios de los migrantes, como el de Lázaro, reflejan su deseo de establecerse y trabajar dignamente. Sin embargo, enfrentan una nula asistencia legal y escasas oportunidades laborales que a menudo conducen a la explotación. La necesidad de atención y oportunidades para la población migrante en México es urgente.
Con información de 14ymedio.com

