El sabor agridulce de los romeritos: la dura realidad de quienes los cultivan.
CIUDAD DE MÉXICO. – La producción de romeritos, un platillo esencial en las mesas decembrinas de la Ciudad de México, es el resultado de un arduo y desigual trabajo agrícola que rara vez se ve reflejado en los ingresos de quienes lo cosechan.
José Refugio Núñez Bastidas, productor en San Andrés Mixquic, explica que venden el bulto de romeritos (40-45 kg) entre 350 y 400 pesos, lo que equivale a unos 7-9 pesos por kilo. Este precio contrasta drásticamente con el valor final del producto preparado, que puede alcanzar hasta 650 pesos por kilo en restaurantes.
La inversión en el cultivo es considerable. Sembrar una hectárea de romerito puede costar entre 4 mil y 5 mil pesos solo por el uso de tractor. A esto se suma el costo de la semilla, que oscila entre mil y mil 200 pesos por bulto, requiriendo hasta seis bultos por hectárea. La inversión inicial ronda los 10 mil pesos, sin contar riego, mantenimiento o mano de obra.
Además, se necesitan entre ocho y diez jornales por ciclo, con pagos diarios de alrededor de 380 pesos. La escasez de agua es otro desafío crítico, obligando a los productores a usar mangueras largas para llevarla a las parcelas, lo que pone en riesgo los cultivos ante la falta de humedad.
Núñez Bastidas critica los apoyos gubernamentales, como el de Sembrando Vida, por venir con condicionamientos y no compensar los costos reales. Señala que las capacitaciones no siempre reconocen la experiencia de los productores y que el programa puede desconfiar del conocimiento local.
La situación no es exclusiva de los romeritos. El productor compara su experiencia con la del brócoli, cuya siembra puede costar entre 17 mil y 18 mil pesos por hectárea y media, mientras el kilo se vende a unos dos pesos en la Central de Abasto. Esta disparidad evidencia una desigualdad estructural donde los costos y riesgos permanecen en el campo, mientras el valor se concentra fuera de él.
Desde San Andrés Mixquic, los productores hacen un llamado al Gobierno de la Ciudad de México para que reconozca al sector agrícola como estratégico y garantice condiciones básicas como el acceso al agua, reconociendo su papel en el abasto y la conservación ambiental de la capital.
Ante los bajos precios por kilo, algunas familias productoras optan por transformar su cosecha y vender el romerito ya preparado, como una forma de resistencia económica. La familia de Núñez Bastidas prepara el platillo conocido como ‘revoltijo’ (mole con romeritos), una receta familiar con más de 40 años de historia, vendiendo el kilo preparado a 450 pesos.
El proceso de preparación, que incluye la limpieza manual del quelite, puede tomar una jornada completa para varias personas. Este valor agregado, aunque permite vender el platillo, tampoco se refleja proporcionalmente en sus ingresos frente a las grandes cadenas.
Núñez Bastidas busca generar conciencia sobre las condiciones de producción y la distribución del valor de los alimentos. Invita a la población a visitar San Andrés Mixquic, conocer el proceso de siembra y consumir directamente de los productores para entender el origen de lo que llega a sus mesas.
