Tijuana, Baja California. - La crisis del agua en Tijuana ha alcanzado niveles alarmantes tras 18 meses de sequía, afectando a una población de 2.5 millones de habitantes. Esta situación, que se ha agravado con el tiempo, representa un reto significativo para el desarrollo económico y social de la región.
El suministro de agua en Tijuana depende casi por completo del río Colorado, que se ve presionado por la sequía y por decisiones políticas del gobierno de Estados Unidos. Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia, las tensiones en torno al Tratado de Agua de 1944 han intensificado la situación, reduciendo las reservas que Baja California recibe del río. Esto ha dejado a Tijuana en un punto crítico, con cortes de agua programados conocidos como "tandeos".
La escasez hídrica afecta no solo a las familias, sino también a la industria local, que se ve limitada en su capacidad para crecer debido a la falta de agua. Las empresas potencialmente interesadas en establecerse en la ciudad se enfrentan a la imposibilidad de obtener concesiones adicionales, ya que el agua está casi totalmente asignada. Además, el crecimiento poblacional ha aumentado la demanda, complicando aún más la situación.
Aunque el gobierno local ha buscado alternativas, como la construcción de una planta desalinizadora con fecha de finalización prevista para 2029, las soluciones a corto plazo son insuficientes. Asimismo, el 30% del agua que llega a la ciudad se pierde por fugas en tuberías antiguas, lo que agrava el desabasto.
La Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana ha considerado implementar la instalación de cortes a manera de racionamiento, pero la definición de prioridades en la distribución sigue siendo polémica. Ante la crisis, la colaboración con San Diego se ha vuelto esencial, aunque esta asistencia tiene un costo y no soluciona las deficiencias estructurales de la gestión hídrica.
Con información de resumenlatinoamericano.org

