Tijuana, Baja California. – La violencia en Baja California ha sido identificada como un fenómeno endémico, resultado de un proceso iniciado en la década de los noventa y que se ha intensificado con el tiempo, revelan análisis académicos sobre la problemática de la región.
Expertos enfatizan que la situación actual no es una mera coyuntura, sino el resultado de décadas de expansión del crimen organizado y de estrategias institucionales que han fallado en contener de forma efectiva la dinámica delictiva. Esto ha creado un entorno donde la criminalidad ha encontrado terreno fértil para crecer.
El antropólogo Víctor Clark Alfaro, docente en la Universidad Estatal de San Diego, señala que el surgimiento de una segunda generación de actores criminales ha complicado aún más el panorama de seguridad en la región. Además de los grupos del crimen organizado reconocidos, se han formado células intermedias y organizaciones más pequeñas que amplían sus operaciones y su influencia territorial.
La diversificación de las actividades delictivas ha llevado a una grave distribución de drogas en diversas colonias, independientemente del nivel socioeconómico de los habitantes. El experto advierte que, tras años de conflictos, decomisos y operativos con resultados variados, esta situación refuerza la permanencia de la violencia en la región.
Así, la problemática ha alcanzado un punto de inflexión, donde la violencia no solo es esporádica, sino que se ha transformado en una condición estructural para Baja California, generando implicaciones sociales y de seguridad que persistirán en el largo plazo.

