La reducción de homicidios no debería ser un alivio; cada vida cuenta.
La reciente disminución del promedio diario de homicidios en Aguascalientes, con una caída del 40%, plantea dilemas éticos. Esta reducción, aunque impactante, no debe ser un consuelo. Cada asesinato es una tragedia que no puede ser medida solo por cifras.
Utilizar estadísticas para normalizar la violencia es un peligroso desliz moral, advirtiendo sobre la deshumanización inherente en los datos. Las vidas perdidas son más que números; son seres humanos con historias.
Es crucial que la sociedad no se conforme con menos asesinatos. La lucha contra la violencia no se trata de estadísticas, sino de transformar las condiciones que permiten que estas muertes ocurran en primer lugar.
