NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS. – Una exhaustiva investigación publicada este 21 de diciembre por The New York Times revela que la fortuna de Jeffrey Epstein no se cimentó en su habilidad como inversionista, sino en una compleja red de fraudes, engaños y manipulación personal. El reportaje desentraña cómo el financiero, posteriormente acusado de dirigir una red de tráfico sexual, ascendió en el mundo de las finanzas a partir de 1976 sin contar con estudios universitarios formales, inventando credenciales y explotando conexiones con figuras influyentes de Wall Street.
La pesquisa, que incluye entrevistas con decenas de personas cercanas a Epstein y la revisión de documentos privados, correos electrónicos, fotografías y registros judiciales, reconstruye los mecanismos detrás de su crecimiento y la protección que, según el informe, recibió del sistema financiero.
Sus inicios se remontan a su labor como maestro de matemáticas en la Dalton School de Nueva York. Una presentación a Ace Greenberg, un directivo de Bear Stearns, lo llevó a ser contratado a pesar de carecer de formación financiera. La investigación señala que una relación sentimental con la hija de Greenberg le otorgó una inmunidad interna frente a las irregularidades que pronto comenzaron a surgir.
Epstein falsificó títulos universitarios, y aunque admitió haber mentido, justificó su engaño como un medio para obtener oportunidades. En lugar de ser despedido, fue perdonado. Este patrón de mentir, ser descubierto y evadir consecuencias a través de su influencia se repitió a lo largo de su carrera. En Bear Stearns, se le vincula con el uso de fondos de la empresa para gastos personales, el acceso a acciones privilegiadas para allegados y la realización de préstamos personales no permitidos por la Comisión de Bolsa y Valores (SEC).
Tras una multa menor y una suspensión de dos meses por parte de Bear Stearns en 1981, Epstein renunció. Sin embargo, continuó capitalizando el prestigio de la firma, incluso utilizando su nombre para impresionar a inversionistas.
Posteriormente, Epstein orquestó un fraude millonario al engañar al empresario Michael Stroll con una inversión petrolera inexistente. A pesar de las acciones legales, fue exonerado por tecnicismos.
Este episodio marcó un punto de inflexión, consolidando su carrera como estafador profesional. La investigación del New York Times subraya que su éxito se debió a su habilidad para manipular y explotar la confianza, más que a un conocimiento financiero excepcional.
Se detalla cómo utilizó relaciones, como la que mantuvo con la exmodelo Eva Andersson, para acceder a círculos adinerados europeos y obtener acceso a cuentas de gastos que utilizaba para fines personales. En 1982, tras el colapso de Drysdale Securities, Epstein recuperó millones en bonos para inversionistas españoles, consolidando su fortuna y abriendo nuevas puertas en el ámbito financiero.
El medio neoyorquino concluye que la imagen de Epstein como un “genio financiero” contrasta con la evidencia de un estafador en serie que prosperó gracias a su capacidad para aprovecharse de figuras de poder y de un sistema financiero considerado permisivo y cómplice, utilizando mentiras, manipulación emocional y, según el informe, favores sexuales.
