Mirsy Maricela Alva López, una migrante guatemalteca, revivió traumas pasados cuando su hijo Ederson fue separado de ella por segunda vez en el aeropuerto de Miami. El impacto emocional fue inmediato: el miedo y la incertidumbre lo invadieron al pensar que podía perder nuevamente a su madre.
Ederson, de 11 años, ya había sido separado de su madre en 2018, cuando tenía apenas 3 años, como parte de una política de separación familiar del gobierno de Donald Trump. Aunque lograron reunirse tras meses de sufrimiento, la historia se repitió en junio del año pasado, cuando una intervención legal no pudo evitar su separación nuevamente.
Pese a un acuerdo histórico que debía proteger a las familias migrantes, la investigación de The Associated Press confirmó que el gobierno ha vuelto a separar a varios niños de sus padres, generando angustia y la reactivación de traumas pasados. Algunos padres han pasado meses en centros de detención, mientras que otros han sido deportados tras separarse de sus hijos.
La situación ha cambiado respecto a lo ocurrido en 2018; las separaciones recientes han sido más discretas, pero igualmente impactantes. Los arrestos y deportaciones han afectado a decenas de miles de familias en EE. UU., donde se les obliga a decidir entre dejar a sus hijos solos o enfrentar su deportación. Funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional han defendido la legalidad de estas acciones, desafiando las críticas.
Aunque la familia de Ederson pudo regresar a EE. UU. gracias a un fallo judicial, su futuro sigue siendo incierto. La angustia de separación prolongada ha dejado cicatrices emocionales que afectan a muchos niños, quienes ahora enfrentan el mismo miedo que antes.
Con información de latimes.com

