El Departamento de Defensa adquiere un dispositivo que podría explicar misteriosos síntomas en funcionarios estadounidenses.
El Pentágono está analizando un dispositivo adquirido en secreto, que ciertos investigadores sugieren podría estar detrás del Síndrome de La Habana. Esto ha afectado a espías y diplomáticos estadounidenses.
Este equipo, comprado por millones, produce ondas de radio pulsadas, con componentes de origen ruso. Su estudio ha suscitado un intenso debate sobre los incidentes de salud anómalos reportados desde 2016, comenzando en La Habana.
Las autoridades se esfuerzan por entender su potencia y portabilidad, dado su potencial riesgo. La comunidad médica y de inteligencia sigue investigando, sin una conclusión definitiva sobre su causa, lo que reaviva el debate sobre la seguridad de los funcionarios estadounidenses en el extranjero.
