La nueva política estadounidense busca contener influencias externas y abordar la migración en la región.
La Casa Blanca ha reafirmado su compromiso con una política más firme hacia América Latina. Esta estrategia incluye la intervención en la región para combatir el crimen, fortalecer la economía y controlar la migración, objetivos centrales de la administración de Donald Trump.
El enfoque de Estados Unidos tiene como meta reducir la influencia de potencias como China y Rusia. Según analistas, el país norteamericano ha comenzado a implementar tarifas y presiones militares como herramientas en este contexto. Desde la imposición de aranceles hasta la intervención electoral, la política exterior estadounidense ha regresado a un enfoque más intervencionista.
Esta transformación marca un nuevo capítulo en las relaciones con “nuestro hemisferio”.
