Ciudad de México, CDMX. - La cultura de la cancelación se ha convertido en un fenómeno que afecta a los niños en su interacción social, especialmente en plataformas digitales y redes sociales. Cancelar a alguien implica retirar el apoyo a una persona por un comentario o acción considerada errónea, lo que puede llevar a la burla, el rechazo o la exclusión.
El impacto de este comportamiento se manifiesta con rapidez en las escuelas. Un comentario fuera de lugar o una opinión diferente pueden desencadenar una reacción en cadena que transforma un momento común de la niñez en una situación de acoso prolongado. Los niños son ahora acosados no solo de forma directa, sino también a través de memes y capturas de pantalla que circulan entre sus compañeros.
Es fundamental que los padres reflexionen sobre qué enseñan a sus hijos en estos casos. Permitir que un niño que comete un error pierda automáticamente el respeto de los demás, o que una opinión divergente sea vista como un ataque, no contribuye a su desarrollo emocional. Aprender a convivir con las diferencias y reconocer los errores son habilidades esenciales que deben cultivarse desde la infancia.
La educación debe comenzar en el hogar. Es necesario fomentar la reflexión antes de compartir contenido en redes o emitir juicios, promoviendo un ambiente que no fomente el linchamiento digital. Si se comete una injusticia, es correcto denunciarla, pero también es vital que se enseñe el valor de la empatía y la reparación.
Los espacios familiares y escolares deben operar como entornos donde los niños aprendan a tratar a los demás con respeto, incluso cuando se comete un error. Este regreso a clases puede ser una oportunidad para discutir este tema en familia, ayudando a formar individuos que, en lugar de cancelar, busquen corregir y dialogar. Una sociedad que no permite equivocarse no fomenta el crecimiento personal ni colectivo.
Con información de ecodiario.mx

