Adela Hernández cierra las puertas de su guardería Trapito en Ingenio, tras 28 años dedicados al cuidado y educación de niños y niñas. Su legado perdurará entre las familias que confiaron en ella, convirtiéndose en una figura destacada en la comunidad a lo largo de los años.
La educadora se retira con la satisfacción de haber cumplido su misión, dejando atrás un espacio que se distinguió por su afecto y compromiso hacia la infancia. Recientemente, el CEIP La Pastrana le rindió homenaje durante la celebración del Día de Canarias, resaltando su influencia en el crecimiento de numerosos pequeños.
Con una historia marcada por sus propias vivencias de niñez en un entorno difícil, Adela decidió brindar a los niños lo que ella anheló: atención, amor y límites. Su carrera comenzó mucho antes de abrir Trapito, trabajando en otras instituciones donde adquirió valiosa experiencia que luego aplicaría en su propia guardería.
El nombre del centro, Trapito, es un tributo a su cuñado, Francisco Milán, simbolizando su deseo de transformar el dolor personal en cuidado y amor. Con su hermana Rafaela, cofundó este lugar que se convirtió en un pilar educativo de la comunidad, donde miles de niños encontraron un entorno cálido y enriquecedor.
Mientras enfrenta esta nueva etapa de su vida, Adela planea dedicar tiempo a su pasión por las plantas y reconectarse consigo misma. Aunque Trapito cierre, su legado perdurará en las enseñanzas impartidas y en el impacto que tuvo en las familias de Ingenio.
Con información de laprovincia.es

