Ciudad de México, CDMX. - La población de adultos mayores en México está en aumento, lo que presenta retos económicos y laborales. Datos del INEGI indican que la esperanza de vida supera los 74 años para los hombres y los 80.5 años para las mujeres, lo que está transformando la estructura demográfica del país.
Este fenómeno no solo refleja avances en salud pública, sino que también plantea un desafío considerable para la sostenibilidad de los sistemas de pensiones. La combinación de un aumento en la esperanza de vida y una disminución en las tasas de natalidad pone presión sobre los fondos de pensiones, pues cada vez hay menos trabajadores activos para sostener a un creciente número de jubilados.
La reforma de pensiones de 2020, que incrementó las contribuciones al sistema, está generando una carga financiera adicional para las empresas. Las compañías ahora deben hacer frente a mayores aportaciones sin que necesariamente haya un aumento en la productividad, lo que complica aún más la situación.
En este contexto, el mercado laboral enfrenta una contradicción notable. Mientras los sistemas de pensiones exigen una extensión en la vida laboral, muchas empresas rehúyen a contratar a trabajadores mayores de 50 años por prejuicios relacionados con su adaptabilidad y energía. Esta disyuntiva obliga al sector empresarial a reconsiderar sus prácticas de reclutamiento para permitir una mayor inclusión de talento intergeneracional.
De cara al futuro, es urgente que tanto el sector privado como el público establezcan estrategias que aseguren una vejez digna sin que la carga recaiga desproporcionadamente sobre las empresas o las generaciones más jóvenes. La necesidad de un enfoque renovado hacia el trabajo y el capital humano se convierte en un imperativo que requiere atención inmediata.
Con información de elimparcial.com

