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Cultura

La vida de Gabriel Latorre: más allá del himno de Bucaramanga

Gabriel Latorre, autor del himno de Bucaramanga, fue un defensor de la paz y la literatura infantil, dejando un legado significativo en su comunidad.

Por Redacción1 min de lectura
La historia del autor refleja su compromiso con la infancia y la paz.
La historia del autor refleja su compromiso con la infancia y la paz.
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Gabriel Latorre, destacado poeta y creador cultural, es reconocido como el autor del himno de Bucaramanga. Sin embargo, su legado abarca mucho más, incluyendo su pasión por la promoción de la lectura y la defensa de la infancia y la paz. Su historia es narrada por su hija María Fernanda y Julián Rincón, quien lo recuerda como una figura influyente en su vida.

Los encuentros dominicales de Latorre en el hogar de Julián Rincón fueron momentos de reflexión. Acompañado de su hija María, Gabriel conversaba sobre diversos temas que unían la literatura, la política y la vida cotidiana. Estas charlas informales contribuyeron a la creación de obras educativas, como “Dillo, el armadillo”, una cartilla para enseñar a los niños mediante el juego.

A través de su trabajo, Latorre logró crear una conexión profunda entre la literatura y la infancia. Es autor de libros como “Armadillo Juguetón” y “Carnavaleo”, que buscaban fortalecer el aprendizaje lector en los más jóvenes. También escribió “Ecolecuá”, un folleto que promovía la paz en el ámbito familiar, reflejando su enfoque en la resolución de conflictos y la convivencia armoniosa.

Latorre fue un defensor activo contra la violencia intrafamiliar, impulsando el “Observatorio Pedagógico Museo del Nunca Jamás”, un proyecto que buscaba crear conciencia en comunidades sobre la no violencia. Esta iniciativa fue postulada al Premio Nacional de Paz en 2015, destacando su compromiso con temas sociales críticos.

En su vida familiar, Gabriel fue un ejemplo de amor y dedicación, cuidando de su esposa enferma con devoción. Su legado perdura en las enseñanzas que dejó y en la forma en que influyó en quienes lo rodearon, siendo reconocido como un verdadero símbolo de paz en Santander.

Con información de vanguardia.com

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