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Cultura

El salto del pastor canario: tradición viva y patrimonio cultural

El salto del pastor canario es una tradición que fusiona técnica y cultura, buscando atraer a nuevas generaciones mientras se respeta su legado.

Por Redacción2 min de lectura
Esta práctica ancestral combina técnica y respeto al entorno, y busca atraer a nuevas generaciones.
Esta práctica ancestral combina técnica y respeto al entorno, y busca atraer a nuevas generaciones.
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El salto del pastor canario no es únicamente una exhibición; es una tradición arraigada en la vida de los isleños. En el barranco de Silva, los practicantes entrenan esta disciplina, conocida como brinco, que involucra saltos cortos y movimientos técnicos en un entorno desafiante. Este evento, en colaboración con la Jurria Azamotan de Valsequillo, refleja un legado cultural que ha perdurado a lo largo de los años.

Con raíces en las necesidades de los antiguos pobladores de Canarias, el salto del pastor permitió a los pastores desplazarse más rápidamente por el accidentado terreno insular. Equipados con un regatón, una herramienta de madera diseñada para facilitar el movimiento, los pastores eran capaces de atravesar desniveles con eficacia. Esta práctica no solo tiene un propósito físico, sino que también establece un fuerte vínculo con la historia y el territorio canario.

En 2018, el Gobierno de Canarias declaró el salto del pastor como Bien de Interés Cultural, elevando su estatus y protegiendo no solo la técnica, sino la relación de los canarios con su entorno. Aunque las herramientas como el garrote tienen diferentes nombres en las islas, entre dos y cuatro metros de longitud, la enseñanza del salto implica mucho más que simplemente saltar: requiere dominio del cuerpo y del espacio, así como un profundo conocimiento del terreno.

El desafío de mantener viva esta práctica recae en agrupaciones como la Jurria Azamotan, que no solo enseñan a saltar, sino que también fomentan la participación de nuevas generaciones. Con aproximadamente un 16% de praicantes femeninas, la inclusión de mujeres es fundamental para garantizar la continuidad de esta tradición sin reducirla a un estereotipo masculino.

A pesar del resurgir de la práctica, el salto del pastor enfrenta el riesgo de ser trivializado en plataformas digitales. Los saltadores rechazan comparaciones con espectáculos de circo y abogan por un enfoque que respete la herencia cultural que representan. En última instancia, el salto del pastor es más que un deporte; es un legado que busca saltar de generación en generación sin perder su esencia.

Con información de laprovincia.es

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