Almagro, Ciudad Real. - A medida que se acerca la Noche de Difuntos, revive en la memoria colectiva la leyenda del sustanciero, un hombre que, en tiempos de penuria, alquilaba huesos para dar sabor a los caldos de las familias más necesitadas. Un joven que escuchó historias de su abuela sobre aquellos tiempos difíciles, rememora su encuentro con esta figura en la víspera del Día de Todos los Santos.
El sustanciero, descrito como un hombre encorvado y cubierto con una larga capa negra, se ofrecía a alquilar huesos a quienes carecían de medios. En su cesta, había uno que destacaba, marcado con inscripciones inusuales. "No se paga con dinero, sino con aquello que más hambre tenga", le dijo al joven, dejando una sensación inquietante.
El relato cobró vida cuando el sustanciero se detuvo frente a una casa humilde, donde una madre luchaba por alimentar a sus niños. Sin requerir pago, el sustanciero ofreció el hueso negro a la mujer, quien rápidamente lo introdujo en el caldo. El resultado fue sorprendente: la lumbre se tornó azul y el caldo emanaba un aroma que seducía a los pequeños, atendiéndose en una mesa donde finalmente pudieron saciar su hambre.
Sin embargo, detrás de la madre aparecieron figuras traslúcidas de los niños, muertos hacía tiempo, sus labios morados revelando un destino trágico. Aquel momento escalofriante culminó cuando el sustanciero reclamó el hueso justo a la medianoche, dejando al joven y a los presentes con el eco de un único susurro: hambre.
Este año, como cada 1 de noviembre, Almagro recuerda la leyenda del sustanciero, una historia que sirve de recordatorio perenne de las penurias que muchos han enfrentado. La tradición, aunque inquietante, resalta la lucha por la supervivencia en tiempos de adversidad.
Con información de almagronoticias.com

