El Lumière en Rosario se erige como un símbolo cultural que continúa brillando en la escena cinematográfica. Durante el 31° Festival de Cine Latinoamericano, la sala revive su esencia con proyecciones que atraen tanto a viejos amantes del cine como a nuevas generaciones. Con su ambiente nostálgico y acogedor, el cine se convierte en el corazón del evento.
La competencia de cortometrajes provoca un bullicio en el recinto, aunque algunos espectadores prefieren esperar a la función principal. El Lumière ha sobrevivido al paso del tiempo, cambiando de manos y renovándose. La comunidad reconoce el valor de este lugar, recordando cines que cierto tiempo fueron parte de sus vidas.
Mientras el público se agrupa, cada rincón del Lumière se llena de conexiones. Desde directores hasta asistentes del festival, todos comparten opiniones y anécdotas, creando un ambiente familiar. Un abuelo y su nieta, al entrar, se ven impactados por la belleza del lugar, lo que refleja el aprecio por el pasado y el presente del cine.
Los espectadores se sumergen en la proyección de "Los Bobos", una película que desafía la percepción del humor y la crueldad en la vida cotidiana. Las reacciones del público oscilan entre risas y reflexiones profundas, subrayando el impacto que el cine puede tener en las emociones humanas.
Al finalizar la función, la sala se convierte en un punto de encuentro donde se forjan lazos y se comparten historias. Aún con el frío del exterior, el encantador ambiente del Lumière invita a prolongar la velada. Las luces de la entrada siguen brillando, recordando la importancia del cine como espacio de convivencia.
Con información de elciudadanoweb.com

