Neptuno, el planeta más enigmático del Sistema Solar, ha sido objeto de estudio por su distancia y la complejidad de su sistema de lunas. Un nuevo análisis, publicado en Science Advances, centra su atención en Nereida, una luna intrigante que pudo haber sobrevivido a un evento catastrófico hace miles de millones de años.
La investigación dirigió las observaciones del Telescopio Espacial James Webb para examinar la composición de Nereida y su historia gravitacional. Se plantea que esta luna podría ser una de las pocas que se formaron junto a Neptuno, evitándose su destrucción durante la captura de Tritón, que alteró drásticamente el equilibrio de sus satélites.
Tradicionalmente, se creía que Tritón, la mayor luna de Neptuno, provenía del Cinturón de Kuiper, una región de cuerpos helados más allá de Neptuno. Al ingresar al sistema neptuniano, su llegada generó grandes perturbaciones, eliminando o desplazando muchas lunas originales. Se considera que este evento fue uno de los más intensos entre los planetas gaseosos.
A diferencia de otras lunas que orbitan de manera estable, Nereida sigue una trayectoria extremadamente excéntrica, variando entre 1.4 y 9.6 millones de kilómetros de Neptuno. Anteriormente se pensaba que había sido capturada de manera similar a Tritón, pero el análisis de su superficie revela características que indican su formación dentro del entorno neptuniano.
La teoría más reciente sugiere que el desplazamiento orbital causado por Tritón fue clave para la supervivencia de Nereida. En vez de ser destruida, su trayectoria elíptica la salvó durante el caos gravitacional provocado por la interrupción de Tritón en el sistema. Sin embargo, la exploración de Neptuno sigue siendo limitada; hasta ahora, solo ha sido visitado por la sonda Voyager 2 en 1989, lo que significa que aún queda mucho por descubrir sobre su historia y la evolución de sus lunas.
Con información de mundiario.com

