El interés por profesionales de humanidades dentro de las empresas de tecnología ha crecido en los últimos años. Los análisis de contratación en Estados Unidos destacan la creciente necesidad de graduados en disciplinas como Filosofía y Filología en el ámbito de la inteligencia artificial. Estas contrataciones se centran en encarar cuestiones éticas y en la construcción de modelos lingüísticos, lo que pone de manifiesto el valor que aportan estos perfiles en entornos tecnológicos.
Organizaciones como Anthropic han incorporado a Amanda Askell como “filósofa residente”, quien se dedica a la ética de su modelo de IA, Claude. Askell identifica la importancia de dotar a estos sistemas de una comprensión sobre el bien y el mal, así como de habilidades en inteligencia emocional. Además, DeepMind ha integrado a Henry Shevlin, un académico de Filosofía de la Universidad de Cambridge, para fortalecer la formación de su inteligencia artificial.
Los expertos sostienen que la inteligencia artificial, aunque presenta grandes beneficios, también plantea riesgos. Según López Rosado, las humanidades aportan valores clave que pueden guiar el desarrollo y el uso responsable de esta tecnología. Las enseñanzas históricas y la comprensión del comportamiento humano son aspectos que resultan fundamentales para lograr un equilibrio en el uso de soluciones tecnológicas avanzadas.
Aunque la IA es el foco de atención, las disciplinas de humanidades no se limitan a este ámbito. En un mundo de cambios constantes y con innovaciones tecnológicas que pueden impactar profundamente la sociedad, el enfoque humanista puede ser crucial para mantener la ética y la empatía en un entorno donde la tecnología evoluciona rápidamente.
El futuro revelará cómo la convergencia de humanidades y tecnología influirá en la sociedad. Está claro que integrar estos conocimientos será esencial para enfrentar los desafíos que trae consigo la inteligencia artificial.
Con información de cio.com

