Mérida, Yucatán. – La tradicional quema de muñecos de Año Viejo en Yucatán, un rito para dejar atrás lo malo y recibir el año con optimismo, enfrenta un notable declive en los últimos años. La disminución de estos muñecos en las puertas de las casas se atribuye a preocupaciones de seguridad por la pirotecnia que suelen portar, así como a cambios en las dinámicas familiares y la adopción de alternativas como las piñatas.
A pesar de esta tendencia, para familias como la de José Fernando Uribe Ku, la tradición de más de 30 años se mantiene viva. Iniciada por su abuelita Nelly Guadalupe, la costumbre no solo incluye la elaboración del muñeco, sino que desde hace unos 15 años se ha complementado con un espectáculo de pirotecnia. La familia invierte cerca de 30 mil pesos anualmente en material adquirido en Halachó, que se encarga con meses de antelación.
Este año, la celebración tuvo lugar en la colonia Cordemex, donde los vecinos se congregan para presenciar el encendido del muñeco, que incluye una variedad de explosivos y luces, además de cascadas de pólvora y voladores. La familia Uribe Ku expresa su firme intención de preservar esta tradición para las futuras generaciones, incluso atrayendo la atención de turistas extranjeros.
En contraste, en el centro de la ciudad, las piñatas de Año Viejo, con precios entre 120 y 180 pesos, muestran ventas bajas según locatarios como Juan Sosa. Estas piñatas, que conservan elementos tradicionales como la ropa gris y el bastón, suelen ser compradas para rellenarse con dulces o pirotecnia.
Así, mientras algunos aspectos de la tradición se desvanecen, otros, como el espectáculo pirotécnico, evolucionan, manteniendo encendida la noche de fin de año para quienes buscan renovar ciclos en Yucatán.
