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Mega granjas: ¿Yucatán en riesgo por el agua?

Mega granjas porcícolas amenazan el agua de Yucatán. Descubre cómo la industria pone en jaque el vital líquido en la península.

Por Redacción1 min de lectura
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La expansión de la porcicultura industrial pone en alerta la calidad del vital líquido en la península, un territorio geográficamente sensible.

Mérida, Yucatán. La creciente operación de mega granjas porcícolas en Yucatán ha encendido las alarmas sobre la calidad y disponibilidad del agua en la región. La península, caracterizada por su geografía kárstica y la ausencia de ríos superficiales, depende exclusivamente de su acuífero subterráneo, un sistema altamente vulnerable a la infiltración de contaminantes. Millones de litros de aguas residuales generadas por la industria porcina amenazan este recurso vital para miles de personas.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha registrado 186 granjas porcícolas integradas en el Registro Público de Derechos de Agua (REPDA), las cuales generan anualmente alrededor de 11 millones de metros cúbicos de aguas residuales. Si bien algunas instalaciones reportan la reutilización de sus desechos para riego agrícola, organizaciones ambientales señalan un panorama más preocupante.

Análisis satelitales y documentaciones previas revelan la existencia de cientos de mega granjas, muchas de ellas ubicadas en Áreas Naturales Protegidas y sitios de importancia internacional. La expansión de esta industria ha sido asociada a la deforestación de miles de hectáreas de selva, ejerciendo una presión insostenible sobre los ecosistemas locales.

En comunidades como Santa María Chí, los habitantes denuncian impactos directos en su salud y su entorno. La operación de granjas industriales, algunas con decenas de miles de animales, ha sido relacionada con la contaminación de pozos, la afectación de cultivos y problemas respiratorios derivados de la quema de excretas porcícolas.

La situación en Yucatán subraya un desafío ambiental crítico: cómo equilibrar el desarrollo económico con la protección de recursos naturales insustituibles. La vulnerabilidad del acuífero y la magnitud de la industria porcícola exigen una revisión profunda de las prácticas y regulaciones para salvaguardar el futuro hídrico de la península y el bienestar de sus comunidades.

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