Mérida, Yucatán. – El ciudadano estadounidense, a menudo percibido como desinformado, se encuentra en una posición inusual para cuestionar los costos y las implicaciones de operaciones internacionales como la denominada “Lanza del Sur”, que presuntamente allanó un país y detuvo a su presidente sin desmantelar el régimen.
La magnitud monetaria y política de dicha operación, que implicó una logística compleja y el despliegue de recursos materiales y tecnológicos, sugiere un financiamiento oscuro. Se especula que este costo, eventualmente pagado por la ciudadanía estadounidense debido a la deuda del gobierno, podría estar ligado a la intervención de petroleras norteamericanas en la “democratización” de Venezuela.
En este contexto global cambiante, actores como China, Rusia y el bloque BRICS emergen como contrapesos a la hegemonía de Estados Unidos. La aparente detención y posterior liberación de Nicolás Maduro, así como el rol de Delcy Rodríguez y la situación de la oposición visible con Corina Machado y Edmundo González, generan interrogantes.
El descontento popular en Venezuela, focalizado en un sector específico, podría estar siendo sobredimensionado por medios tradicionales, distorsionando la percepción pública. Este fenómeno se compara con intentos en México de magnificar la inconformidad de ciertos sectores mientras se minimiza la popularidad de Claudia Sheinbaum.
En una coyuntura de crisis y reconfiguración del orden internacional, es crucial desarrollar nuevas herramientas conceptuales. Mientras la derecha puede interpretar estos eventos como actos justicieros, la economía política los ve como actos arbitrarios y desesperados. La violación del derecho internacional y el uso de la violencia por encima de la política evidencian la decadencia de un imperio.
