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Yucatán

La destrucción de selva en Yucatán revela impunidad y debilidad estatal

La destrucción de más de seis mil hectáreas de selva en Yucatán refleja impunidad y debilidad estatal, amenazando ecosistemas y especies emblemáticas en la región.

Por Redacción2 min de lectura
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Más de seis mil hectáreas han sido desmontadas en el sur del estado, poniendo en riesgo ecosistemas estratégicos ante la falta de regulación efectiva.

La desaparición de más de seis mil hectáreas de selva en el sur de Yucatán evidencia una crisis ecológica que persiste sin respuestas contundentes por parte de las autoridades mexicanas. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha reconocido que el daño ocasionado es “irreversible”, indicando la gravedad de una destrucción que lleva años gestándose en total impunidad.

El crecimiento acelerado de la agroindustria, impulsada en gran parte por grupos menonitas, ha promovido prácticas como el desmonte ilegal y la ocupación sin permisos ambientales en municipios como Tekax, Peto y Tzucacab. Estas zonas, que albergan especies emblemáticas como el jaguar, el puma y el ocelote, ahora enfrentan una pérdida significativa de hábitat que afecta la biodiversidad y el equilibrio ecológico. La fragmentación de la selva no solo pone en riesgo a la fauna silvestre, sino que también compromete servicios ecosistémicos esenciales para las comunidades locales.

Este fenómeno refleja una problemática estructural en la gestión ambiental en la región. La operación de caminos irregulares, extracción de recursos y cambios de uso de suelo sin control revela una cadena de negligencias y acciones promovidas por actores económicos y gobiernos locales con escasas sanciones. La subsecuente clausura de áreas afectadas, como en el ejido Mesatunich, llega demasiado tarde para revertir la pérdida ecológica, evidenciando la ineficacia de las medidas punitivas.

La persistente destrucción forestal en Yucatán cobra especial relevancia en un contexto global donde la protección de los ecosistemas es vital para mitigar efectos del cambio climático y preservar la biodiversidad. La falta de una política ambiental firme, junto con la escasa aplicación de sanciones, hace que la explotación sin control continúe, poniendo en riesgo la riqueza natural y la sustentabilidad del territorio.

Este escenario se inscribe en una problemática más amplia en México, donde la debilidad institucional favorece la explotación irrregular de recursos naturales. Sin un compromiso decidido para fortalecer los marcos regulatorios y promover prácticas sostenibles, la región podría ver cómo su patrimonio natural desaparece irreversiblemente en las próximas décadas.

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