El Congresista
Política

Violencias simbólicas también matan: la importancia de reconocer su impacto

Reconocer que las violencias simbólicas también matan es clave para avanzar en la igualdad y proteger los derechos de las mujeres frente a discursos y acciones que perpetúan la desigualdad.

Por Redacción3 min de lectura
Compartir
Compartir esta nota

La persistencia de las violencias invisibles y su efecto en la sociedad y las mujeres

Existen formas de violencia que no son visibles a simple vista, pero que se manifiestan, se perciben y se escuchan en las conversaciones diarias. Estas violencias se infiltran en los chistes, se disfrazan de “opiniones inocentes” y se justifican bajo la defensa de la “libertad de expresión”. Aunque sutiles y poco perceptibles, no por ello dejan de ser peligrosas. Estas manifestaciones de violencia de género se llaman simbólicas y, efectivamente, también causan daño mortal.

Hace poco, se escucharon declaraciones del futbolista Javier “Chicharito” Hernández, quien ya no promueve que se imaginen “cosas chingonas”, sino que se ha hecho viral por frases que refuerzan estereotipos de género, como: “Quieres que un hombre te provea, pero para ti la limpieza es una opresión patriarcal… interesante”. Estas palabras reflejan una postura que perpetúa roles tradicionales y desvaloriza las tareas asociadas a la mujer.

Este mensaje violento guarda estrecha relación con movimientos conservadores recientes, como la “redpill”, que sostienen que las mujeres tienen una ventaja injusta en las relaciones y solo se relacionan con hombres por su estatus o apariencia. Estas ideas refuerzan la idea de que las dinámicas de poder en las relaciones son desiguales y que las mujeres, en realidad, manipulan a los hombres mediante su atractivo o estatus social.

En otro video, Hernández afirmó: “Mujeres, están fracasando, están erradicando la masculinidad, volviendo a la sociedad hipersensible”. Además, sostuvo que “ustedes, las mujeres, necesitan aprender a aceptar y honrar la masculinidad”, promoviendo así el regreso de las “tradwifes”. Estas declaraciones fomentan una visión retrógrada y excluyente sobre los roles de género, además de contribuir a la normalización de la violencia simbólica.

El concepto de violencia simbólica no es nuevo; fue acuñado en los años 70 por Pierre Bourdieu. Se trata de una forma de dominación más sutil que la violencia física o directa, pero igualmente efectiva en la reproducción y mantenimiento de desigualdades sociales. La violencia simbólica se fundamenta en la capacidad de imponer significados, valores y representaciones culturales que, con el tiempo, son aceptados como naturales y legítimos por quienes las padecen, generando así una aceptación silenciosa de la injusticia.

No solo figuras famosas como Hernández son responsables de este tipo de violencia; también Karla Estrella y el periodista Héctor de Mauleón han sido sancionados por violencia simbólica contra las mujeres en el ámbito político. Estos casos resaltan que la violencia simbólica trasciende el ámbito individual para instalarse en discursos y acciones que afectan a toda la sociedad, incluyendo a quienes ocupan cargos públicos o influyen en la opinión pública.

Lo más preocupante es que muchas ciudadanas y ciudadanos, así como algunos medios de comunicación, aún no reconocen la gravedad de la violencia de género y la necesidad urgente de detener cualquier forma de violencia, no solo la física. En algunos casos, se intenta justificar el uso de la violencia simbólica contra las mujeres como una herramienta válida para defender otras causas, lo que resulta muy peligroso.

Al justificar estas expresiones, se contradicen los principios fundamentales de la libertad de expresión, que figuran en figuras públicas como Hernández, Estrella o Mauleón. La violencia simbólica no solo daña, sino que también puede matar, y reconocer esto es fundamental para avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa. Solo así será posible desmantelar los contextos que menosprecian a las mujeres, las cosifican y las dejan a merced de depredadores sexuales.

Es imprescindible que toda la sociedad comprenda que las violencias simbólicas también matan. Reconocer esta realidad no es una exageración, sino un paso necesario para abrir los ojos y comenzar a desmantelar los entornos que reducen a las mujeres, las cosifican, las vuelven invisibles o desechables y, en última instancia, las dejan expuestas a la violencia y el abuso.

Si desde nuestra posición elegimos permanecer en silencio o no actuar contra las violencias de género, cuando ocurra un feminicidio en nuestra comunidad, tendremos que asumir la responsabilidad: también somos responsables por la omisión, la indiferencia y la negligencia en la vigilancia.

Es fundamental entender que las violencias simbólicas, aunque invisibles, tienen un impacto real y mortal. Solo mediante el reconocimiento y la acción conjunta lograremos construir un entorno en el que las mujeres sean valoradas, respetadas y protegidas en todos los ámbitos de la vida.

¿Te gustó esta nota?
Compartir esta nota