Durante tres meses, la presidenta enfrentó escándalos políticos que evidencian los desafíos y contradicciones del movimiento en su primer año de gestión.
En los primeros siete meses de su mandato, la mandataria Claudia Sheinbaum enfrentó un escenario lleno de desafíos internos que pusieron a prueba la estabilidad del proyecto de la Cuarta Transformación. Este periodo, marcado por una serie de escándalos y controversias, fue identificado como el “verano negro” del gobierno de Morena, reflejando las tensiones y contradicciones dentro de la propia élite del partido. Durante ese lapso, la atención se centró en casos que involucraban a figuras clave como Marina del Pilar, Ricardo Monreal y Adán Augusto López, exponiendo los conflictos que amenazan la cohesión del movimiento. La revocación de visas a la gobernadora de Baja California por parte de Estados Unidos, las polémicas leyes en Puebla y Campeche, y las vacations de lujo de personajes morenistas evidencian la dificultad del gobierno para mantener una imagen de austeridad y unidad. Pese a ello, las figuras políticas implicadas mantienen su influencia en el escenario nacional, mostrando que, aunque la gestión enfrenta turbulencias, el poder dentro del partido permanece relativamente consolidado. Este episodio revela que, en política, las crisis internas pueden convertirse en un espejo de las dificultades para consolidar un liderazgo unido en tiempos de cambio social y político profundo.
