La fuerza radical enfrenta una posible fractura interna que podría dejarla con menos diputados que en décadas, en medio de disputas por el liderazgo y alianzas políticas.
La Unión Cívica Radical (UCR) enfrenta un panorama complejo que podría culminar en una nueva fractura interna en diciembre, dejando a su bloque de diputados en la menor cantidad en años, posiblemente desde la recuperación democrática. La tensión se centra en la disputa por la conducción del partido, con Alfredo Cornejo y Gustavo Valdés en pugna por suceder a Martín Lousteau como presidente del radicalismo, mientras los 12 legisladores que permanecerán en la Cámara Baja muestran resistencia a unirse en torno a una línea única, pese a los esfuerzos en diferentes sectores del partido.
Las heridas abiertas tras las elecciones del 26 de octubre generan incertidumbre sobre la cohesión del bloque. Las negociaciones apuntan a la posible designación de Pamela Verasay como jefa de bancada, una movida que no todos en la bancada respaldan, especialmente quienes se alinean con grupos con posturas distantes del gobierno de Javier Milei y con figuras como Lousteau y Pablo Juliano, quienes preferirían un rumbo diferente. La fragmentación también pone en evidencia la disputa entre sectores que buscan mantener una identidad radical propia versus aquellos que pretenden una alianza más flexible con otras fuerzas.
La falta de unidad podría derivar en una división formal del bloque, con algunos diputados optando por mantener un monobloque independiente para evitar subordinaciones a liderazgos que consideran inadecuados. La situación refleja un panorama de alta fragmentación dentro del partido, con posibles alianzas de última hora y movimientos estratégicos que podrían cambiar el escenario político radical en los próximos meses. La historia del radicalismo, con bloques reducidos en épocas de crisis, muestra que estas tensiones pueden tener consecuencias duraderas, incluso poniendo en peligro su personería electoral si continúa sin definir una estrategia clara de cohesión.
Desde diferentes sectores, se advierte que la actual crisis podría derivar en el debilitamiento del partido y en la pérdida de influencia en el Congreso, lo que resalta la importancia de gestionar estas disputas con visión de largo plazo para evitar la disolución del espacio político.
